Cuba defiende la necesidad de establecer un nuevo orden económico internacional, democrático y equitativo

Intervención del Embajador de Cuba en Ginebra, Pedro L. Pedroso, en el Evento Paralelo sobre Pobreza y Derechos Humanos, convocado por las Misiones Permanentes de China y Sudáfrica. Ginebra, 13 de septiembre de 2018.

Muchas gracias. En primer lugar deseo agradecer la invitación a participar como panelista en este importante evento paralelo. Fueron muy interesantes e ilustrativas las presentaciones que me antecedieron, y prometo que la mía será breve.

En primer lugar, quisiera señalar que no es posible examinar el tema de la pobreza y su relación con los Derechos Humanos, separado del problema de la desigualdad y la polarización de los ingresos.

Aunque ha habido ligeros avances en términos generales en los últimos años, en 2015 había más de 705 millones de personas viviendo en extrema pobreza, según diversos estimados, incluso los del Banco Mundial.

Otros datos son aún más alarmantes. Según el más reciente informe del Relator Especial sobre Derecho al Desarrollo, en 2017 el 1% más rico de la población se apropió del 82% de toda la riqueza creada en el planeta. Queda claro que la inmensa mayoría de la especie humana, de la que la mayor parte vive en países en desarrollo, tiene que arreglárselas con solo el 18% de la riqueza.

Esta desigualdad se manifiesta a lo interno de los países, y entre los países. Por eso Cuba consistentemente ha defendido en esta Organización la necesidad de establecer un Nuevo Orden Económico internacional, democrático y equitativo.
 
A nivel del Sistema de Naciones Unidas, continúan reduciéndose los recursos para el pilar del desarrollo, mientras proliferan los intentos de desvirtuar este pilar con conceptos injerencistas y con disímiles iniciativas de reforma con el supuesto propósito de mejorar la eficiencia de las actividades de desarrollo de la organización, mientras galopan in crecendo los recursos destinados a la carrera armamentista. Al propio tiempo, cada vez se hace un uso más hipócrita y manipulado de los derechos humanos, y continúa amenazada la paz y la estabilidad mundial.

No será posible avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y en particular en la erradicación de la pobreza, sin abordar estas asimetrías estructurales. Por ende, tampoco podrán implementarse totalmente los derechos económicos, sociales y culturales, y tampoco los civiles y políticos. Una familia que viva por debajo del umbral de la pobreza, o de la pobreza extrema, que no sepa leer o escribir, tiene en teoría derechos, incluidos los civiles y políticos pero ¿podrá en realidad ejercerlos o defenderlos?

Como conocen, colegas, la situación es aún más delicada en los países con vulnerabilidades estructurales adicionales, dígase los países africanos, los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (SIDS), los Países en Desarrollo Sin Litoral (LLDC) o los Países Menos Adelantados (PMA).

Entonces, no es posible abordar las cuestiones de la pobreza y los derechos humanos sin un análisis global, estructural y sistémico, que incluya los aspectos geopolíticos, macroeconómicos, los efectos del cambio climático, las políticas de las instituciones financieras internacionales, las agresivas políticas imperialistas de conquista, agresiones de todo tipo contra países en desarrollo soberanos, entre otros factores. Ese es el mundo de hoy.

En el Caso de Cuba, como es conocido, somos un pequeño Estado insular, importador neto de alimentos y petróleo, heredero de 400 años de colonialismo subdesarrollado y monoproductor, de 60 años de un neocolonialismo expoliador, y de casi 60 años más de un bloqueo económico, comercial y financiero que sigue aplicándose despiadadamente y con todo rigor.

Aprovecho para reiterar el agradecimiento a todos por el apoyo en este tema, que será considerado nuevamente el 31 de octubre en la Asamblea General de la ONU. Seguramente nuestra resolución será adoptada nuevamente por aplastante mayoría.

A pesar de estos grandísimos obstáculos, hemos logrado avanzar con esfuerzo y sacrificios en muchas esferas del desarrollo, y garantizar los derechos humanos, incluido el derecho a la vida, a la salud, a la educación, al desarrollo, a la seguridad alimentaria, a la cultura, a la genuina participación política, al empleo, a la tierra, entre otras conquistas que aún son quimeras para buena parte del mundo, incluso en nuestra región geográfica.

Hemos contribuido modestamente también con muchos países hermanos en algunas de estas áreas, bajo el principio de no dar lo que nos sobra sino compartir lo poco que tenemos. Pensamos que no es con la manipulación política contra los países en desarrollo, sino con la cooperación internacional, que podrá avanzarse en la erradicación de la pobreza, el logro del desarrollo sostenible y el respeto de los derechos humanos. Todos tenemos algo que recibir y todos tenemos algo que aportar.

Aprovecho para comentar que están presentes en el evento tres representantes de organizaciones de la sociedad civil cubana que participan en esta sesión del Consejo, y que pudieran ampliar desde su perspectiva sobre la experiencia de Cuba en estos temas.

Concluyo recordando que, junto a las organizaciones de la sociedad civil, las entidades del Estado, las comunidades, los cubanos residentes en el exterior, en fin, todo nuestro pueblo, estamos enfrascados en la discusión de la nueva Constitución de la República, en un proceso democrático, masivo, transparente, que nos dotará, mediante referendo popular el año próximo, de una nueva Carta Magna, que guiará los derroteros del país en las próximas décadas.

Pueden ustedes estar seguros que nuestro pueblo respaldará la nueva Constitución y renovará su apoyo a los fundamentos de nuestro sistema político, económico y social socialista, que a pesar de los retos presentes y futuros, es el único capaz de garantizar que no quede nadie atrás, como propone la agenda de desarrollo hasta el 2030, y que se cumplan todos los derechos humanos para todos.

Muchas gracias

(Cubaminrex-;isión Permanente de Cuba en Ginebra)

 

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